Cuando María pensó que Jesús estaba loco

Con flores, globos y fiestas en todo Santiago se dio inicio al «Mes de María» en Chile el pasado 8 de noviembre, fiesta que al igual que otros elementos del catolicismo tiene sus orígenes en el mundo pagano, intentando reemplazar los antiguos «Festivales de Mayo» que marcaban el inicio del verano: Floralia de los romanos, Noche de Brujas para los nórdicos (otra noche de brujas, no Halloween) y Beltane de los celtas.

Como es de imaginarse, la llegada del cristianismo tomó elementos de estas fiestas y los reasignó a la celebración de María, manteniendo vivos los adornos de Floralia, pero en Chile la fecha se cambió de mayo a noviembre por Mons. Joaquín Larraín Gandarillas, por motivos climáticos.

Dada la importancia de María en la religiosidad popular, cuesta entender su escaso protagonismo en la Biblia, pero resulta todavía más enigmático aquél episodio en que María pensó que Jesús estaba loco.

Así es, en todas las Biblias, en el evangelio más antiguo de los cuatro, cuando Jesús hizo su primera predicación y reunió gente que lo escuchase, cuenta el Evangelio de Marcos que llegó María con sus otros hijos a prenderlo porque pensaban que estaba «fuera de sí».

«Y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan. Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí»

«Entonces llegaron su madre y sus hermanos, y quedándose afuera, enviaron a llamarle. Y la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan. Él les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.»
-Marcos 3:20-21; 3:31-35

El episodio termina con Jesús negando que María y sus hermanos sean su familia, presentando una imagen todavía más extraña de María; una mujer que aparentemente olvidó que tuvo un hijo siendo virgen, así como las visitas de ángeles, magos de oriente, estrellas anunciadoras e infanticidios masivos en la región para eliminar a su hijo, y que más encima es rechazada por el mismo Jesús.

La explicación a tanta discrepancia es sencilla, todos los elementos fantásticos de la concepción y niñez de Jesús aparecieron con Mateo y Lucas, cerca del año 85 e. c., mientras que en Marcos, escrito cerca del 70 e. c., María es una mujer común y corriente, y Jesús se vuelve un mesías cuando lo visita el Espíritu en su bautizo, en imitación de David durante su unción.

Debido a que los autores anónimos de los libros conocidos como Mateo y Lucas se basaron en el igualmente anónimo autor de Marcos, se mantuvo en parte la historia, dejando fuera solamente el motivo de la visita de su familia (Mt 12:46-50; Lc 8:19-21), de la misma forma que dejaron fuera episodios en que Jesús no puede hacer milagros o debe intentarlo dos veces, junto a una multitud de otros cambios editoriales.

En el cristianismo de Pablo, previo a las nuevas aventuras y milagros de Mateo y Lucas, María tampoco parece haber tenido ninguna importancia, pero con la expansión del cristianismo por regiones con importantes cultos a deidades femeninas (Isis, Deméter, Ishtar… y siglos después Pachamama, entre otras) el necesitado espacio para una Diosa Madre encontró en María el sustituto perfecto, llegando a ser en la religiosidad popular latinoamericana tanto o más importante que Jesús.

Imagen  de portada: «Orestes perseguido por las Furias», William-Adolphe Bouguereau, 1862

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