La Mujer y El Perfume

Es muy conocido el episodio bíblico de María Magdalena lavando los pies de Jesús con sus propias lágrimas, pero pocos se toman el tiempo para estudiar detenidamente el pasaje, que aparece en los cuatro evangelios (Mr 14:3-9; Mt 26:6-13; Lc 7:36-50; Jn 12:3-8), y notar las múltiples diferencias entre una y otra versión, las que ejemplifican que los evangelios son relatos con enfoque literario, con personajes modificables o reemplazables para lograr una mejor moraleja según cada autor, y por lo tanto no deben ser considerados como relatos ‘históricos’.

Para mayor claridad, es importante tener presente que el evangelio más antiguo es Marcos, seguido en orden de antigüedad por Mateo, Lucas y Juan, y dichos nombres no representan a sus autores, ya que son libros anónimos, sino que se les asignaron durante el siglo II para distinguirlos con mayor facilidad y atribuirles canonicidad.

Marcos

La versión más primitiva del episodio (Mr 14:3-9) señala que Jesús se encontraba en la mesa de un “Simón el Leproso”, a modo de recreación de una profecía de Isaías 25, en que Yahweh tendría un banquete con todas las naciones de la tierra, celebrando la eliminación del dolor y sufrimiento, lo que se representa varias veces en Marcos con comidas de Jesús con pecadores y enfermos (En Mr 2:13-17 se equiparan los pecadores con enfermos en necesidad de médico. Una recreación casi literal del banquete de Isaías 25 se encuentra posteriormente en Mt 8:11-12 y Lc 13:28-29, aunque reemplazando una condena original para moabitas en una condena para los judíos que no creyeron en Jesús)

Entonces llega una mujer no identificada a realizar una adelantada unción funeraria para Jesús, gastando un caro perfume sobre la cabeza del mesías en lugar de venderlo por trescientos denarios, lo que se contrasta con las tres mujeres en Mr 16:1 que compran perfumes funerarios tras la crucifixión, pero sólo encuentran la tumba vacía, cumpliendo doblemente la advertencia de Jesús: «a mí no me tendrán siempre».

Mr 14:4-8Algunos de los presentes comentaban indignados: ¿Para qué este desperdicio de perfume? Podía haberse vendido por más de trescientos denarios para darlo a los pobres. Y la reprendían con severidad.

—Déjenla en paz —dijo Jesús—. ¿Por qué la molestan? Ella ha hecho una obra hermosa conmigo. A los pobres siempre los tendrán con ustedes, y podrán ayudarlos cuando quieran; pero a mí no me van a tener siempre. Ella hizo lo que pudo. Ungió mi cuerpo de antemano, preparándolo para la sepultura.”

Mateo

El pasaje se preserva de forma casi idéntica en Mateo (Mt 26:6-13), en casa de “Simón el Leproso” y con una mujer no identificada, pero en el proceso editorial se perdió el precio del perfume y el detalle final de la compra (Mt 28:1), lo que lo priva parcialmente de contraste literario.

Lucas

Posteriormente, y quizá para ‘corregir’ la falta de clímax de la versión de Mateo, en Lucas se cambió radicalmente la historia. (Lc 7:36-50). Ya no ocurre en la casa de “Simón el Leproso” (aludiendo a Isaías 25), sino que en la casa de un “Simón el Fariseo”, que como la mayoría de los fariseos del N.T. representa a los judíos que no aceptaron el cristianismo. Acá no hay ninguna alusión funeraria y la mujer no identificada (Acá solamente se especifica que es ‘una pecadora’) no llega a ungirlo en la cabeza, sino que se humilla a los pies de Jesús, perfumándolos, besándolos, limpiándolos con lágrimas y secándolos con sus cabellos. Esta excesiva atención se contrasta con el anfitrión fariseo que no trata a Jesús con mayores distinciones, ejemplificando el caso con la ‘Parábola de los dos deudores’ (Lc 7:41-42), en que aquél a quien se le perdonan las faltas más graves, muestra mayor amor hacia el prestamista.

Juan

Finalmente, en el Evangelio de Juan, compuesto entre los años 90 a 110 de nuestra era, los diversos detalles se mezclaron para formar la versión más conocida del episodio (Jn 12:3-8). Ya no ocurre en casa de “Simón el Leproso” ni “Simón el Fariseo”, sino que en casa del resucitado Lázaro, seguramente al fusionar al “Leproso” de Marcos y Mateo con el personaje de una parábola de Lucas, el mendigo cubierto con llagas llamado Lázaro (Lc 16:20).

Es solamente acá donde la mujer se identifica como María Magdalena, quizá por la estructura de Lucas, con la “Mujer Pecadora” de Lc 7:36-50 seguida inmediatamente por Lc 8:1-3 que habla del séquito de Jesús destacando a María Magdalena “De quien había expulsado siete demonios“. En la tradición oral se ha tomado aquello como una referencia indirecta de la promiscuidad de María Magdalena, aunque no existe ninguna mención literal de ella como promiscua ni prostitua en el N.T.

En esta versión se mantuvo la idea de una unción funeraria adelantada, pero con el detalle del perfume en los pies como lo imaginó Lucas y acá, el contraste literario es con las malas intenciones de Judas, que quiere que el perfume sea vendido porque “solía robarse el dinero de las limosnas“. Hay que destacar que en Juan sí se añade una real unción funeraria con especias y perfumes, otorgándole honores mayores al sepulcro de Jesús que los otros evangelios (Jn 19:40)

Origen

Como es de esperarse, el episodio de La Mujer y El Perfume difícilmente relata un hecho real, especialmente al considerar que casi todos los detalles cambian de un evangelio al otro para servir algún propósito literario. En cambio, parece basarse en un pasaje del Cantar de los Cantares (También conocido como Canción de Salomón), originalmente de índole erótico y altamente explícito, que posteriormente fue interpretado como metáfora del amor entre Yahweh y sus fieles.

Cnt 1:12 “Mientras el rey estaba a la mesa, mi perfume esparció su fragancia”

El pasaje en cuestión es imitado más cercanamente en Jn 12:3, con el perfume esparciendo su fragancia por toda la casa.

Jn 12:1-3 “Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania (…) y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.”

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