¿Cuántos asnos se necesitan para entrar en Jerusalén?

Probablemente todos estén familiarizados con la imagen de Jesús ingresando a Jerusalén montado sobre un asno y acompañado del recibimiento masivo con ramas de árboles, alabanzas y Hosannas, pero no todos han notado algunas diferencias que resaltan al analizar el recuento según los distintos evangelios.

Es así como podemos encontrar el ingreso a Jerusalén sobre uno o dos asnos, dependiendo de la versión que se elija.

Para comprender el motivo, hay que tener presente que, al igual que los otros relatos sobre Jesús, los autores de los evangelios tenían en mente algún pasaje o idea del Antiguo Testamento que intentaron representar o aludir en sus respectivos libros.

De esta forma, la imagen del mesías rey aclamado sobre un asno resultaría inmediatamente familiar para algún conocedor de los relatos bíblicos y la anunciación de Salomón sobre la mula de David.

Ciertamente nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón; y el rey ha enviado con él al sacerdote Sadoc y al profeta Natán (…) los cuales le montaron en la mula del rey; y el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo han ungido por rey en Gihón, y de allí han subido con alegrías, y la ciudad está llena de estruendo. Este es el alboroto que habéis oído.” 1Reyes 1:43-45

Y así, llegamos al pasaje bíblico que generó las dos versiones de entrada de Jesús (con uno o dos asnos); la profecía de Zacarías 9:9, que reflejaba la esperanza por un nuevo rey como Salomón tras el exilio en Babilonia y el fin de la casta real.

“Regocíjate sobremanera, hija de Sión. Da voces de júbilo, hija de Jerusalén. He aquí, tu rey viene a ti, justo y dotado de salvación, humilde, montado en un asno. En un borrico, hijo de asna.” Zc 9:9

Allí se destaca la humildad del rey indicando la montura sobre un asno y añadiendo énfasis al especificar la montura sobre un borrico, hijo de asna, separando la frase enfática (“en un pollino, hijo de asna”) mediante una conjunción que debiese traducirse como la pausa o adverbio enfático entre ambos enunciados. Es decir, el primer asno sería tan humilde, que sería sólo el borrico o pollino de una asna.

Así, la versión original de Marcos indica que Jesús envió a sus discípulos a buscar un pollino o borrico no adiestrado, en perfecta concordancia con Zacarías 9:9.

“Id a la aldea que tenéis enfrente, y tan pronto entréis en ella, encontraréis un pollino atado, en el que ningún hombre ha montado todavía; desatadlo y traedlo. Y si alguien os dice: ¿Por qué hacéis eso?, respondedle: El Señor lo necesita y enseguida lo devolverá aquí. Y fueron y encontraron un pollino atado junto a una puerta, fuera, en un cruce de caminos, y lo desataron. Algunos de los que estaban allí les decían: ¿Qué hacéis desatando el pollino?

Ellos les respondieron como Jesús les había dicho, y los dejaron. Entonces llevaron el pollino a Jesús, y echaron encima sus mantos, y se montó sobre él. Muchos extendieron sus mantos en el camino, otros las ramas que cortaban de los campos. Los que iban delante y los que seguían detrás gritaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el Reino que viene de nuestro padre, David! ¡Hosanna en las alturas!” Mr 11:2-10

Sin embargo, el autor de Mateo decidió modificar este pasaje, tratando de seguir la profecía de Zacarías 9:9 al pie de la letra, al punto de ignorar el uso estilístico de la conjunción “y” como adverbio de énfasis, resultando en su interpretación con dos asnos“Montado en un asno y en un borrico, hijo de asna” (Zc 9:9).

“Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos (…) y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima.” Mt 21:2, 7

Este pequeño desliz de traducción por parte del autor de Mateo fue rápidamente ignorado por los autores de Lucas y Juan (Lc. 19.28-40; Jn. 12.12-19), que incluyeron el episodio con un sólo animal, evitando la obvia pregunta : ¿sobre cuál asno iba sentado? Pero aunque la intención de aquellos autores parece haber sido reemplazar las versiones previas del relato de Jesús, sin imaginar la posterior compilación de esos cuatro evangelios en lo que llamamos el Nuevo Testamento, los apologistas posteriores se han visto obligados a incluir aclaraciones sobre el número de asnos en estos versículos, asegurando que el recuento de Mateo es tan válido como el original de Marcos y los posteriores Lucas y Juan, los que simplemente decidieron no mencionar a uno de los dos asnos presentes.

Entre estos comentarios, cito como ejemplo el presente en la Exposición de la Biblia Entera de Gill (Gill’s Exposition of the Entire Bible) (1748-63), que señala lo siguiente:

“en Mateo 21:2 se dice, un asna, y un pollino con ella; que concuerda con la profecía en Zacarías 9:9 y que, sin duda, fue un hecho: ni Marcos y Lucas lo contradicen, aunque ellos no lo expresan.”

 

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